Yo siempre he sido una persona metódica y ordenada, que trataba de controlar todo lo controlable y pretendía seguir una línea de objetivos en la vida. Durante mi embarazo cuidé cada detalle: dieta perfecta, ejercicio adecuado, de baja para no estresarme nada… Nunca antes en nada me esforcé tanto en algo para que saliese bien. Y al final… menuda lección de humildad: la Muerte vence. Y ahora, ¿qué es lo que pienso? Que las personas somos muy pequeñitas e indefensas, en un entorno tan hostil; que hay tantas cosas a nuestro alrededor tan peligrosas e impredecibles; que la idea de control es sólo una gran ilusión. No me ha quedado otra que ser plenamente consciente de mi indefensión desnuda, de la aleatoriedad estúpida de todo cuanto sucede. Da igual lo que me implique en algo, hasta qué punto me esfuerce por ello, el Azar siempre tendrá la última palabra. Y si es así, y somos como equilibristas atravesando un infinito abismo bajo nuestros pies, ¿qué hacer?

Lo primero que hice fue no hacer nada y quedarme muy quieta, paralizada por el miedo. Claro, de repente se me cae la venda de los ojos y me doy cuenta del abismo que me rodea y de lo fácil e indiscriminadamente que puedo caer, como cayó mi hijo… Me quedé congelada de miedo, atenazada por el dolor de la pérdida, deseando morir yo también.

Lo segundo que hice fue rendirme a la fatalidad: no hay nada que hacer, no puedo decidir ni luchar por nada, porque en cualquier momento la desgracia me lo arrebatará todo. No merece la pena seguir viviendo. Entonces, no estaba paralizada ya, pero sólo me movía por inercia, sin motivación ni dirección alguna. Este estado enlaza muy bien con la sensación absoluta de vacío y sinsentido que pasó a sustituir al dolor desgarrador y la desesperación. No me quería morir ya de una forma activa, pero tampoco le encontraba ningún sentido a vivir.

Pero un día, hace muy poco, inesperadamente, como si de la primavera se tratase, el impulso de vivir me volvió a brotar de no sé dónde, muy tiernecito y pequeño él, pobrecito. ¿Sobrevivirá? Todavía estoy tan asustada… otras veces he mejorado unas semanas, para después volver a caer al fondo… Así que lo tercero que estoy haciendo es tratar de seguir luchando, aún cuando el destino esté en mi contra. Como una Ulises que quiere rebelarse contra los dioses -aunque todavía muy flojito-. Me da igual lo que reserven para mí las Nornas, ¿qué es lo peor que me aguarda? ¿La muerte, el sufrimiento? Ya los conozco, no temo morir, y estoy sobreviviendo al sufrimiento. Tengo que seguir haciendo lo que tengo que hacer: luchar por vivir. No me quiero morir ya, ya no me quiero rendir, ahora quiero vivir (aunque todavía no sepa muy bien cómo voy a hacerlo).

Los seres humanos somos una cosa diminuta y frágil, apenas un suspiro en el tiempo. Pero tenemos la Voluntad, aún cuando se pierda toda esperanza. Yo tengo alma de Daruma, como un tentetieso me levantaré una y otra vez mientras haya en mí un hilo de vida. Quiero seguir adelante hasta el final. Algunos moriremos en el intento, otros burlaremos por un tiempo a la Muerte, el Azar decidirá. Pero al menos, sabré que lo intenté todo. ¿Qué otra cosa hacer si no? ¿Sentarme a esperar la Muerte? Ella no vendrá, por más que le llame a gritos, hasta que le dé la gana… ¿Aceptar sumisa la derrota? ¿Esperar que los cielos se abran para que alguna justicia divina me compense de esta gran pérdida? Nada más que espejismos, no existe ningún orden, ninguna justicia, yo ya he visto el caos que nos envuelve. Sólo estoy yo, y el apoyo de quienes me quieren. Para mí la única opción es asirme a todos los recursos que estén a mi alcance y seguir peleando, por mí, por ellos. Tal y como hizo mi hijo. La derrota no es importante en sí, lo importante es no ceder a ella, hasta el último aliento.

“¡Una vez!, ¡dos veces!

Siempre el Daruma de capucha roja

se queda con la cabeza en alto”

Pero claro, hay caídas tan duras, tan duras, que requiere su tiempo recobrar el sentido y volver a tomar impulso para levantarse. Un tiempo muy necesario. Cada uno sabemos cuándo llega ese momento.

Muñecos Daruma en el templo de Shorinzan, prefectura de Gunma, Japón (*).

(*) Imagen de dominio público, disponible en Wikimedia Commons.

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One thought to “Seis meses después de haber perdido a mi bebé”

  • Helen

    Nos duele en el alma, es horrible, horroroso. Nos hacemos mil preguntas. Pero tenemos que seguir luchando, por nuestros hijos, nuestra familia, tenemos que seguir. Cómo bien dices en el momento que no optamos por la opción de derrota y dejarnos morir lentamente. La otra opción es seguir el camino, con sus días malos, sus días menos malos, pero seguir de la mejor manera que podemos, que sabemos. Creo que la lucha es el mejor legado que nos han podido dejar nuestros hijos. Y lo que nos queda es VIVIR tan intensamente como seamos capaces.

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