Leyendo sobre el duelo perinatal y neonatal siempre se alude al tabú que produce en la sociedad este tipo de pérdidas. Después de buscar más y más información, me encuentro con que cada vez es más visible este duelo, más el gestacional o perinatal que el neonatal, imagino que porque son casos menos frecuentes. Perdí a mi hija hace 51 días de muerte súbita, nació perfectamente y vivió sin ningún problema 24 días, hasta que una mañana la encontramos sin vida, por una parada cardiorrespiratoria según la autopsia. He tenido la suerte de tener un hijo mayor que me ayuda a sobrevivir, si no fuera por él no sé cómo lo llevaría. Te escribo para compartir y desahogarme, que es lo que más necesito en estos momentos, y porque me gustaría tratar un tema del que apenas se habla, que se aborda de forma superficial y que para mí se ha convertido en un problema: el shock o bloqueo emocional. Cada vez voy encontrando frases que hablan de la anestesia de los primeros días, que si se alarga se convierte en algo patológico, pero la mayoría de los testimonios son de madres desoladas llorando durante meses.

No sé si por ser quien la encontró y tuvo que procesar en 5 segundos lo que había pasado, me quedé bloqueada y fui incapaz de llorar o de apenas sentir algo en los primeros días. Luego, muy poco a poco, logré llorar algo de vez en cuando, cuando veo las fotos, pero durante las primeras semanas era incapaz de recordarla, era como si no hubiera estado embarazada o no hubiera nacido. No recordaba dónde estaba su cuna, su bañera, no la recordaba a ella sentada sobre mí, y eso que pasábamos horas y horas comiendo teta. Todo se anuló, como si mi mente fuera una pizarra magnética. Para mí esta situación se ha convertido en un nuevo problema que me añade más culpa, la culpa de no quererla, de no echarla de menos, de no recordarla, porque he podido pasar días en una amnesia total. Racionalmente sé lo que ha pasado, pero tengo una barrera que me impide que llegue al corazón. Cada vez parece que se va diluyendo más, pero prevalece el bloqueo sobre la conexión.

No sé si la falta de comentarios sobre el bloqueo, sobre la despersonalización, la disociación, la desnaturalización de los sentimientos, constituye otro tipo de tabú, en el que nadie quiere entrar por no sentirse mala madre. Hay pocas personas que lo pueden comprender, la mayoría traduce su dolor en meses o años de llantos. A mí me da hasta envidia, un sentimiento que no conocía hasta que se me destrozó la vida. El día que murió mi hija y yo estaba sentada aparentemente tan serena, sentía el juicio de los demás, y tan solo quienes están más cercanos a estos casos pueden entender este estado de shock.

Estoy yendo a terapia y a grupos de apoyo, y los profesionales consideran que es una reacción lógica, que ante tanto dolor el cerebro opte por protegerme y anestesiarme, y que debo aceptar ese proceso. Pero es tan difícil, porque lo que yo querría, quitando que estuviese viva, que es una irrealidad que ni me atrevo a desear, es poder llorarla con toda mi alma y sentir cuánto la quiero y cuánto la echo de menos.

Leyendo tu texto de Dérsu Uzála, me gustaría poder ayudar a las que vengan después que se encuentren en esta situación, porque imagino que no debo ser la única.

He sentido la cercanía de otras madres que han pasado por esto a través de los grupos y me gustaría devolver parte de la ayuda que me han dado y me siguen dando, aunque de momento sigo necesitando más apoyo del que puedo dar.

12 pensiamientos en “El tabú del bloqueo emocional

  • Laura Shjol

    Yo sufrí un bloqueo emocional durante varios días, las primeras semanas. Era como si todo lo que había sucedido le estuviese pasando a otra persona, me sentía completamente desconectada emocionalmente de la muerte de mi hijo. Hablaba de su muerte, como si estuviese contando una película. No sentía dolor, ni lloraba, pero al mismo tiempo me sentía fuera de mi, yo no era yo, o al menos no estaba sintiendo lo que yo suponía que debería estar sintiendo. Creo que fue un periodo de “despersonalización”, como lo llaman los profesionales. Un mecanismo de defensa que se puso en marcha para que yo pudiese sobrevivir, porque el dolor era tan intenso, que yo no hubiera sido capaz de procesarlo y mi mente habría estallado en mil pedazos. Sucedió así, intermitentemente unos días, luego no volvió a aparecer y me inundó el dolor de nuevo; supongo que cuando mi cuerpo y mi mente entendieron que yo ya podía soportarlo. Ahora el dolor se ha ido agotando a sí mismo, va y viene, pero con menos fuerza que al principio. En su lugar se ha ido abriendo paso una sensación muy grande de vacío y falta de sentido. ¿Qué puedo hacer? nada, acepto lo que me pasa, trato de ser muy consciente de ello, y me dejo llevar.
    Cada persona hace el duelo como mejor puede, y esa es la mejor forma posible. Lo que para una madre es útil, para otra puede no serlo. No creo que sea bueno juzgar, ni aconsejar. He aprendido estos meses a no juzgarme a mi misma, y aceptar todo lo que me suceda. El duelo me va llevando como la corriente de un río. Me permito existir, tratando de flotar sobre esta corriente. Me dejo llevar por donde este proceso de duelo me tenga que llevar, y no lucho contra ello. El duelo, cualquiera que sea la forma que tome, no es una patología, es un camino, una readaptación a una realidad completamente diferente tras la muerte del bebé. Y va a requerir muchos reajustes a nivel físico, mental, emocional y puede que espiritual. Hace falta tiempo, espacio, paciencia y aceptación hacia una misma. Pienso que a veces es mejor dejarse llevar, que tratar de luchar contra algo que es más fuerte que yo.
    Puede ser que a veces el dolor sea tan grande, y la pena tan profunda, que el llanto se convierte en silencio y el dolor en vacío. Pienso que tu testimonio puede ser muy valioso para otras madres que estén pasando por lo mismo que tú. Saber que hay alguien más que se siente igual o parecido, hace que no nos sintamos tan solas, tan aisladas. Tu artículo ayuda a normalizar una faceta de tantas como adopta el duelo perinatal, que es un duelo tan desconocido, silencioso y poco aceptado socialmente.
    Muchas gracias por colaborar con esta web aportando tu testimonio, que seguro servirá de ayuda a alguna otra mamá. Un abrazo muy fuerte.

    Responder
  • Lola

    Queridas Carmen y Laura, el poder leer vuestros sentimientos , me hace ver, la falta que tenemos los profesionales de la salud de saber como podemos acompañarnos en ese momento. Gracias por la lección de vida q me dais.
    Lola

    Responder
  • Carmiña

    Cada experiencia es única y dolorosa, como también el proceso de bloqueo emocional. En mi caso, mi bebé tuvo muerte súbita a los dos días de nacido. Tuve un embarazo complicado, sin embargo en el proceso y durante el tiempo que mi bebé estuvo vivo, recibimos cuidados dedicados de todo el personal médico, eso nos ayudó a comprender de inicio que fue una decisión de Dios. Incluso pudimos bautizarlo en la clínica antes de morir.
    No obstante, nadie ni nada te prepara para asumir una experiencia tan dolorosa, los primeros días estábamos confundidos, obviamente yo estaba medicada y volví a trabajar rápidamente a los cinco días, concentrándome en esto y en atender a mi hijita de 4 años, que si no fuera por ella me hubiera dejado morir, no estaría viva.
    Desde que el bebé se fue, nadie más hablo del tema, ni siquiera mi esposo, por lo que he llevado mi duelo en soledad, fue más duro conforme pasó el tiempo, más aún porque decidí dejar la medicación a los dos meses y cuando el efecto pasó sentí en carne viva el dolor, el trauma de los últimos momentos, la experiencia de tener que salir con un bebe muerto en brazos de la clínica, un bebe al que esperé con tanto amor e ilusión.
    Es la primera vez que me animo a escribir sobre el tema, he tratado de hacerlo varias veces, pero siento que mi cabeza se desconectó de mis emociones, sufro y me deprimo muchísimo, pero no soy capaz de exteriorizar mis sentimientos, escribir una carta, poema, hablar del tema como hacen otras personas.
    Si bien acepte al instante que fue la voluntad de Dios, comprendo que tenía que ser de esa manera, mi corazón está roto y lleno de temor, por primera vez me di cuenta que la vida es efímera y que nada es seguro. Antes de esto siempre amé la vida que tenía, nunca tuve mucho dinero, pero me sentía plenamente bendecida, dedique mi vida laboral al trabajo social y el tiempo libre a mi esposo e hija.
    Lo que pasó hizo tambalear todo mi mundo, ahora me siento intranquila con el futuro, no he vuelto a sentir una felicidad completa, cada vez que sonrío me invade luego un sentimiento de vacío por mi bebé por todo el dolor que siento en el pecho.
    Si bien mi hija es mi mayor alegría, es la energía que me da vida, si bien la amo con todas las fuerzas, creo que mi corazón de madre siente la ausencia del bebé y quizás será así toda la vida, perder un hijo no tiene nombre.
    Comprendo que para mi esposo ha sido muy difícil y también para la familia quienes quizás han tenido temor de recordarme el tema, pero llevar un duelo en soledad es complicado. Por esto escribo quizás a partir de la experiencia de otras personas pueda encontrar respuestas a lo que siento, comprender mis emociones y el hecho de que ahora sea más difícil que antes para mí sobrellevar la experiencia.

    Responder
  • Laura Shjol

    Querida Carmiña, no hay palabras que lleguen a describir lo que significa la muerte de un hijo. Cada madre hace su camino de duelo. Cada una a su manera, que es como mejor puede y sabe. Ninguna forma es más adecuada que otra, sino que cada cual tratará de sobrevivir, recomponerse y continuar viviendo con todas sus fuerzas. Todo dependerá de la propia personalidad, del pasado de otras pérdidas vividas, de los apoyos que se encuentren en familiares, amigos y en el entorno social. Esa es la resiliencia, la capacidad de sobreponerse a los golpes más duros, de salir adelante a pesar de la terrible pérdida. Cuesta mucho, y duele vivir cada día. Pero no hay otra que seguir viviendo.

    Una matrona una vez comparó este reconstruirse de la persona a partir de la destrucción total, con el arte japonés de volver a recomponer las piezas de porcelana rota. Este arte se llama Kintsugi. Las piezas vuelven a unirse con resina y oro. Retoman su forma, pero cubiertas de cicatrices doradas, que las hacen diferentes, únicas y de alguna forma bellas.

    Esta es una herida que nunca se curará. Pero las piezas volverán a unirse, a pesar del daño. Ya no volveremos a ser las de antes. Seremos una nueva persona que contará su historia, a través de su cicatriz dorada, la de haber sobrevivido al mayor dolor que es posible sentir en esta vida. Y serás capaz, a pesar de esta pena que ya nunca se irá, de volver a sentir felicidad algún día.

    Responder
  • Carmiña

    Gracias Laura! Me conmueven hasta el alma tus palabras, han pasado 8 meses pero creo que recién estoy asimilando lo sucedido, tratando de mirarme al espejo como esa nueva persona que mencionas con heridas en proceso de sanar.
    Un abrazo fraterno

    Responder
    • Carmen

      Querida Carmiña, no te he contestado antes porque estaba buscando con qué entretener mi vida, intentado acallar este vacío inmenso, y aunque he estado más liada, nada de lo que haga me lleva a ningún lado. En mi caso ya va para seis meses de la muerte de mi hija y creo que cada día es peor. Imagino que vuestros ocho meses pueden ser aún peores. Mi bloqueo no acaba de irse, aunque cada vez recuerdo más, siento más, me acerco más a lo que supone su ausencia, es como si mi cerebro no supiera procesar qué significa que mi hija haya muerto. Sé pronunciarlo, lo digo poco porque hablo con muy poca gente, y además intento que sea con desconocidos que no sepan que soy una desgraciada, pero no lo comprendo. Tanto y tanto que he pensado sobre la muerte, y sigo sin entender cómo es posible que algo así pueda suceder. Solo puedo hablar de esto con quien lo ha pasado, aunque lo haya vivido de otra manera, porque al final el dolor es único. Y no paro de pensar, de leer, de darle vueltas. Esta mañana me encontré con este fragmento, y me hizo sentirme muy identificada:

      Las personas que acaban de perder a alguien tienen una mirada que quizás solo reconozcan los que han visto esa mirada en su propio rostro. Yo la he visto en mí y ahora la veo en otros. Es una mirada de extrema vulnerabilidad, desnudez y sinceridad. Es la mirada de quien sale de la consulta del oftalmólogo con las pupilas dilatadas a la radiante luz del día o la de quien suele llevar gafas y de repente le obligan a quitárselas. Las personas que han perdido a alguien parecen desnudas porque ellas mismas se creen invisibles. Yo misma me sentí invisible durante un tiempo, incorpórea. Me parecía haber cruzado uno de esos ríos míticos que separan a los muertos de los vivos y haber entrado donde solo podían verme aquellos que recientemente habían sido privados de un ser querido. Comprendí por primera vez la poderosa imagen de los ríos, la laguna Estigia, el Leteo, el barquero con su capa y su remo. Comprendí por primera vez el significado de la práctica del suttee. Las viudas no se arrojaban a la pira por el dolor de la pérdida. La pira ardiente era una precisa representación del lugar al que su dolor (no sus familias, ni la comunidad, ni la costumbre, sino su dolor) les había conducido. (Joan Didion, El año del pensamiento mágico, p. 73-74).

      Como tú y como muchas, busco reflejarme en las demás, sentir que no soy la única marcada por el destino, a la que le ha pasado esta tremenda desgracia. Que le pasa a personas normales, como nosotras. Necesito saber cómo lo han procesado, cómo han seguido viviendo, aunque yo sinceramente no tengo ningún interés por “superarlo”, porque mi estado de apatía es tal, que con tener fuerzas para atender a mi hijo con todo el amor del mundo es suficiente. Todo lo demás ha dejado de ser importante, solo sirve para intentar sostenerte un poco. Porque como tú dices, quitándolo a él nada tiene ningún sentido. Yo también vivo el duelo sola, hemos tenido poco apoyo, supongo que estas circunstancias son tan extremas que no todos están preparados para afrontarlas. Si yo hubiera podido, también me hubiera quitado de en medio, pero qué va, me ha tocado a mí, no tenia esa posibilidad, qué envidia poder desentenderse del tema. Así que lo he vivido y lo sigo viviendo sola, y lo que queda, porque esto va para largo.
      Así que aquí estamos, Carmiña, para compartir el caos e intentar buscarle un poco de orden entre todas.

      Responder
      • Natalia

        Querida Carmen… no estás sola, somos compañeras de infierno! Y aquí estare siempre que quieras y necesites. No hay camino más hostil, ni comprensión mayor a la que te brinda alguien que vive en tu mismo mundo, el mundo del vacío infinito.

        Responder
  • Carmiña

    Querida Carmen, gracias por contestar, yo también tome unos días para responderte, pues al igual que ustedes con quien comparto esta experiencia, hay momentos en los que todavía me cuesta respirar, en los que revivo cada minuto de aquellos momentos en los que tuve que ver partir a mi bebé.
    Es tan cierto lo que mencionas, yo también me miro al espejo y veo otra persona, una persona que ha pasado por mucho dolor, una persona que intenta levantarse cada día buscando una luz de esperanza, esa luz que irradie paciencia y me dé la certeza de que más allá de la vida en el cuerpo, nos encontraremos con nuestros seres queridos para compartir con ellos la eternidad.
    Como mencione anteriormente, yo comprendí de entrada que era la voluntad de Dios, pero lo más difícil de pasar por algo así, es que pierdes la fe, pierdes esa capacidad de sentir que todo estará bien, y eso es simplemente “devastador” no existe otra palabra. Desde que nacemos, nos hemos programado para superar las adversidades a través de la fe, y el hecho de que la vida te arranque lo más preciado contradice toda creencia.
    El año pasado fue muy duro para toda la familia, pues detrás de mi hijo, se fue también la bebe de una prima, nos embarazamos casi al mismo tiempo, y la pequeña nació también para vivir unos pocos días. Enterrar dos ilusiones, dos vidas que esperamos con tanto amor nos dejó vacíos.
    Hace unos días esta prima comentó que estaba embarazada y parecía que el embarazo tenía algunos problemas que luego fueron superados, creo que a través de ese bebe que viene en camino estamos reconciliándonos con nuestra fe, lo sé porque soñé con mi hijo por primera vez desde que se fue y me decía que nos amaba mucho, que debo cuidar a su hermanita, que ella me necesita.
    Por supuesto mi hija es el alimento de mi alma, mi razón de existir, nada más me importa de la vida. Aunque pese a todo ese amor, cada día necesito unos minutos para llorar mi hijo, para enviarle pensamientos de amor, para renegar con el destino y luego seguir adelante en este camino de la vida.
    Carmen te abrazo con el alma y el sentimiento de una madre que comparte tu dolor y duelo. Gracias por escribir y ojala sigamos haciéndolo, encontrar este blog ha sido reconfortante pues de verdad no puedo hablar del tema con nadie más.

    Responder
  • Rodrigo santiago

    Tuve la pérdida de mi hijo mayor de 19 años en un accidente de moto el día del incidente llore con toda mi alma y quería suicidarmepara poder ir con el pero sabía que no llegaría al mismo lugar donde el estaba …dos días después me quedé en silencio meditando y pensado sin decir nada sobre lo sucedido después mi mente se bloqueó y deje se sentir cuál quier dolor o sentimiento de dolor o culpa en 2 o 3 meses e vivido como que el no hubiese fallecido y hablo de el como si estuviera vivo no le comento a nadie que falleció sólo mi familia y amigos cercanos lo saben ..pero no puedo hablar del tema o que me pregunten por qué rompo en llanto ….es tanto el dolor que lo bloqueó como algo que nunca pasó …pero mi cuerpo tiene síntomas de depresión que no puedo a ser que entre en actividades tengo miedo el día que se desbloquea mi mente no pueda soportar el dolor

    Responder
    • Natalia

      Rodrigo, ante todo siento mucho tu perdida… al igual que la de todos los que estamos en este foro.
      El otro día alguien hablando de mi vida actual me dijo que debía tener más hijos y no vivir en el pasado… ☝🏻 PERDONA??? (Pensé) tuve que ser amable y decir… bueno es complicado… pero por dentro pensaba, vivo donde me da la gana y si quiero vivir en el pasado acariciando el recuerdo de mi hijo lo hago, pero no… me tocó sacar una sonrisa por no hacer en momento tenso.
      En conclusión, yo he empezado a salir de mi anestesia, y sinceramente quiero llorar y decir lo que quiera… estoy triste, apática y no quiero socializar… pero al mundo solo puedo decirle: “es complicado”

      Responder
  • Carmen

    Hola, Rodrigo, eso pensaba yo, que sería como te cuenta la gente o como sale en las películas, que, de pronto, un día se quita la niebla del cerebro y percibimos con total nitidez lo que ha pasado. Y estallamos en llanto, gritamos, nos desmayamos o cualquier otro efecto físico. En mi caso no ha sido así. Conforme han ido pasando los meses soy consciente de lo que pasó, pero todavía es como si no fuera conmigo muchas veces, como algo lejano, no sé. Creo que no estamos preparados para entender la muerte, porque nos impediría seguir viviendo, y estamos, ante todo, programados para sobrevivir, así que la mente nos engaña como puede y nos sostiene en esa mentira hasta que llega el momento en que podamos aceptar lo que pasó ni volvernos locos del todo. Mi mente no se ha desbloqueado de golpe, nuestro cuerpo nos protege del dolor. Yo vivo en un dolor profundo y constante, más o menos anestesiado por mi cerebro, que a veces deja salir un poco más y otras lo frena, para no darme todo de golpe. No te impongas nada, deja que tu duelo sea como tu cuerpo decida, hará lo mejor para ti, para evitarte el mayor sufrimiento posible, ya que poco más se puede hacer ya… Un abrazo

    Responder
  • Carmiña

    Querido Rodrigo:
    Lamento muchísimo tu pérdida y al igual que todas las personas en este foro, comprendemos la magnitud del dolor, que es al mismo tiempo incomprensible y demasiado para el alma.
    Es muy cierto lo que dices que el cuerpo te anestesia, trata de evitarte conciencia respecto a lo que ha pasado, yo comencé tomando ansiolíticos los primeros dos meses, luego los dejé porque no quería depender de ellos y mi cuerpo me tenía anestesiada, no podía concentrarme con nada, entonces luego me dieron unas vitaminas para estar activa y concentrada y sentí en carne viva el dolor, llegando al punto de no poder levantarme de cama de la depresión, entonces volví a tomar antidepresivos pero leves de una substancia natural y con ellos estoy llevando adelante este proceso.
    Rodrigo realmente no se si podamos encontrar respuestas en esta vida de las razones por las cuales debemos atravesar por una experiencia tan dura, pero se que algún momento todo de develará y mientras tanto somos/seremos padres y madres sobrevivientes, aguardando el momento en que nos toque trascender y volver a reunirnos con nuestros hijos e hijas.
    Creo que mas allá de la religión o del culto que cada uno de nosotros profese después de pasar por esta experiencia, que existe una vida eterna y todo forma parte de un plan, por esto de alguna manera aunque parezca increíble, todavía seguimos aquí pese a todo, y es porque algún día nos volveremos a encontrar con ellos.
    Mucha fuerza y luz para toda tu familia Rodrigo

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *