El sufrimiento que causa la pérdida de un bebé puede conducir a mayor fragilidad y miedo al dolor por pérdidas futuras, mucho más si éstas acontecen en el periodo cercano a la muerte del hijo. Esta es una conversación real:

Escribí a un amigo:

-Le acabo de notar a mi perrita un bulto en una mama. Temo que sea cáncer. Sé que para los demás ella sólo es una perrita, pero yo la quiero tanto… ¿Hasta dónde soportaré seguir diciendo adiós a quienes amo?

Para consolarme, contestó:

-La humanidad (y la animalidad) es vida y muerte. Cada uno de nosotros hemos nacido con el requisito de darnos cuenta de ello. Los alumbramientos como los fallecimientos acontecen de forma progresiva e inexorable. Yo moriré, tu perrita morirá, tu marido también, los transeúntes de la calle, etc. En unos casos les podrás decir adiós y en otros no, tal como les pasará a otros contigo. Y será difícil que dentro de siglos nadie se percate de que nosotros un día tuvimos existencia. Aprovecha la suerte que has tenido de nacer humana en un país bastante rico. No somos nada, pero es que nunca lo fuimos, y hay que celebrar que aún así podamos disfrutar del hecho de sentir. Me daría miedo pensar que la vida pudiera funcionar de otra manera. Mejor así como es, que la podemos y debemos apreciar más.

Seguí llorándole:

-Tras la muerte de mi hijo, parece que ya no le temo nada a mi propia muerte, pero mucho a la de quienes amo. Ninguna pérdida será peor que la muerte de mi bebé (a no ser la muerte de otro hijo), pero esto no hace que la espere con menos miedo. Al revés, ahora me da más, porque ya sé lo que es caer al abismo. Se sobrevive, pero el precio a pagar es alto. Cada ser que se marcha se lleva un pedazo de quien se queda, deja un vacío que ya no se llena, a veces más grande, a veces más pequeño.

La muerte de mi hijo me ha hecho darme cuenta de la fragilidad de todo lo que amo. Valoro más cada momento, hasta las cosas más sencillas. Me he vuelto más sentimental y compasiva, pero no más fuerte. Soy más frágil. Al menos, ahora sé cómo funcionan los recursos de resiliencia que he puesto en marcha en el duelo por mi hijo.

La enfermedad y la muerte de una perrita parece insignificante, pero no importa a quién se ame, animal o persona, el amor es el mismo. Además, en ella vuelco el amor-cuidador que era para mi hijo ya muerto (no tengo a nadie más a quien poder dárselo). De ahí que me de tanto miedo su sufrimiento y su muerte, justamente ahora.

Necesito más tiempo. Tengo la herida en carne viva. Todavía no puedo recibir otro golpe en el mismo sitio.

One thought to “¿Hasta dónde podré soportar seguir diciendo adiós para siempre?”

  • Mamá tortuga

    No recordaba haber visto la foto de tu perrita, qué linda… Espero que fuera una falsa alarma y que la vida te dé un respiro. A mí me lo hizo al contrario, se llevó a mi perra siete semanas antes que a mi tortuguita. Mi perrita era mayor, tenía una salud muy delicada y se había quedado ciega. Cuando aún creía que la vida tenía un sentido, que había un cierto orden cósmico, me planteaba que nos había ido dando tiempo a despedirnos de ella, porque para mí su muerte era lo más terrible que me podía pasar. Lo que vino después ni me lo podía imaginar… Pensaba que mi perrita se fue antes para dejarme vivir su duelo en mis últimas semanas de embarazo, no empañar la alegría de la llegada de mi tortuguita con la tristeza de su despedida. Todo dentro de un sentido de la vida, una concatenación de causas y consecuencias, o de causas y azares por darle una cierta libertad.
    Y la lloré y la eché de menos, con una nostalgia serena, con el agradecimiento de todo lo que habíamos compartido y la pena de que no conociera a mi niña. Y al final, la conoció, antes de lo que hubiéramos pensado nunca, y ahí está, cuidándola y acompañándola como siempre hizo conmigo. Y la vida me demostró que ni hay orden ni sentido, que todo es un caos y un absurdo, que no hay leyes más allá de que todo el que está vivo ha de morirse, antes o después, sin una explicación, sin un sentido, sin un propósito cósmico. Hay veces en la narración vital parece seguir un argumento, pero otras en que la fatalidad destroza el guion de nuestras vidas.

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