El dolor por la pérdida de mi bebe está unido a la tristeza. Los primeros días el dolor por su muerte era tan agudo e intenso que ocupaba toda mi conciencia. No podía percibir, sentir o pensar nada más allá del dolor. No era sólo un dolor emocional, también se expresaba como sensación física y sus raíces se extendían desde el corazón en todas direcciones hacia mi cuerpo. Sentía que algo me atravesaba el pecho, como si yo fuese una mariposa pinchada en un expositor con un alfiler. Daba igual lo que hiciese, por más que tratase de escapar, el dolor lo llenaba todo y no me dejaba respirar. Entonces lloraba desconsolada, con todo el cuerpo, a gritos. Por agotamiento cesaba intermitentemente y permanecía quieta en la cama, rendida y aturdida. Minutos de quietud, silencio y vacío. Luego, en mi mente aparecían de nuevo las imágenes y sonidos del día en que murió mi bebé y se desataba otra vez el dolor y el llanto desesperado. Durante dos semanas sólo pude llorar como nunca antes había llorado por nada.

Como un río desbordado que poco a poco regresa a su cauce después de arrasar con todo, así el dolor agudo y el llanto desbocado fueron poco a poco disminuyendo sus embates. Aparecieron momentos cada vez más largos en los que podía pensar en algo, en los que conseguía dejar de recordar automáticamente la muerte de mi bebé. Cinco semanas después, pueden pasar uno o dos días en los que no necesito llorar para vaciar mi dolor, puedo empezar a recordar a mi bebé sin que el corazón se me ahogue en un puño, analizar y describir lo que siento. Siguen apareciendo momentos en que el dolor despierta tan intenso que deseo morirme. Entonces la desesperación y las lágrimas me arrastran como al principio. Aunque parece que esto sucede cada vez con menos frecuencia y duración.

Ahora, además percibo una tristeza y un dolor más latentes, como un sonido de fondo que me acompaña todo el tiempo mientras pienso o hago otras cosas. Es un dolor me permite vivir, empezar a realizar actividades sencillas y que no me supongan mucho esfuerzo y concentración. Más leve y constante, es como el barro que queda ensuciándolo todo tras la inundación. Vivo siempre triste. Creo que esta tristeza no me abandonará nunca, que tendré que aprender a tolerarla, como quien vive con la cicatriz de una herida muy profunda.

A menudo tengo la sensación física de que el corazón me aprieta y me duele. No se relaciona con que en ese momento esté llorando o recordando a mi bebé. Tampoco con que me encuentre más afectada o nerviosa. El dolor en el corazón es independiente, aparece cuando quiere y puede durar horas. Entonces pienso que es como si el corazón se me hubiese resquebrajado de tanto llorar.

Me permito llorar tantas veces como lo necesito, es mi forma de ir dejando salir el dolor. Tengo los párpados hinchados de tanto llorar. También le permito a mi corazón que me duela cuando lo necesite.

6 thoughts to “El dolor y el llanto que no cesan

  • Mamá tortuga

    Al leer lo que escribes me siento totalmente identificada con lo que expresas, ya que nuestro dolor es el mismo, aunque mi cuerpo haya tomado un camino diferente, aparentemente opuesto. Pero no, no lo son, creo que ambos llevan al mismo punto. Cuando mi bebé murió, me quedé paralizada de pensamiento, palabra, obra, e incluso omisión por no haber sido capaz de evitar esa muerte, porque fue algo traumático. Y ahí sigo, casi dos meses después. Pienso mucho en cómo me siento, ahondo en mi duelo para entender por qué no he estallado en otros mil pedazos, si mi hija era lo que más deseaba en el mundo. Y he llegado a la conclusión de que, a diferencia de ti, que has pasado por una caída en picado, con altibajos de montaña rusa, mi mente me cogió como en una película de urgencias médicas, me metió en una camilla y rápidamente me bajó en ascensor al sótano más profundo, donde están ya los desahuciados, evitándome que me despeñara por las escaleras. Ha querido protegerme, dejarme viva en estado de muerte emocional, ahorrarme la caída libre por el abismo del dolor, y aunque el impacto contra el suelo ha sido el mismo, el efecto de la anestesia lo ha amortiguado.
    Ahí es donde me encuentro, en esa tristeza profunda y constante, esa shadow grief, que me inunda y que tiñe todas mis ideas y mis actos. Siento que nunca desaparecerá, se ha instalado de forma súbita (vaya palabra) para quedarse, ya que al no haber experimentado la intensidad normalizada y temporal del dolor, mi duelo va a ser extenso y estable. Y no me importa ni me da miedo en absoluto, es la opción que mi cuerpo ha elegido para conectar con ella, un estado de perpetua melancolía.

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  • Natalia

    Cuán identificada me siento con ambas… yo tengo una mezcla solo que es interna… no puedo permitirme estar mal por fuera, así que vivo disfrazada para que mi otro hijo no vea a una madre ausente y triste… pero la realidad de mi corazón es que está hecho migajas, sin opción de reconstrucción… he perdido la ilusión por todo y para colmo no soporto ver a nadie que tenga gemelos… no paro de preguntarme que estoy pagando en esta vida?

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  • Laura Shjol

    Queridas Mamá tortuga y Natalia, os estoy tan agradecida por haber respondido a mis palabras. Este artículo lo he escrito sobretodo para vosotras: “Madre, eres vida”. Lo podéis leer aquí:
    https://www.heperdidoamibebe.me/articulo/948

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    • Mamá tortuga

      Gracias, Laura, y yo te agradezco que hayas creado este espacio para que compartamos nuestro dolor y que con tus pensamientos y tu experiencia, me hagas sentirme tan cómoda para expresar los míos.
      Natalia, yo lo poco o lo mucho que lloro no evito hacerlo delante de mi hijo. Aunque prefiero hacerlo a solas, si él aparece no lo oculto, porque esta es la realidad que estamos viviendo, muy triste, y nos afecta a todos. Como sigo con el bloqueo, no consigo llorar para soltar mi dolor, lo tengo anquilosado y vivo en un estado de apatía y desgana vital. Ya sea desde el llanto o desde la desidia, intento animarme y jugar con él, leerle cuentos, hablar, mantener un cierto tono vital, que no se corresponde en absoluto con mi aniquilamiento interior. Espero que él entienda cuando pase el tiempo que, pese a lo que nos ha pasado, intentamos darle la vida más feliz que pudimos. No quiero que me recuerde como una madre triste, llorosa, apática, pero si alguna vez le vinieran esas imágenes, sabrá que perdimos lo que era tan importante como él y que eso no es algo que debamos ocultar y fingir que no ha pasado nada. Por respeto a su hermana y al amor que le tenemos.
      Tu otro hijo es muy pequeño, pero siente que le quieres y comprenderá que llores la ausencia de su hermano, al que quieres tanto como a él. Yo creo que ellos son capaces de diferenciar los tipos de llanto. Cuando estaba embarazada de mi tortuguita se murió mi perra, después de una vida larga y plenamente feliz, y la lloré hasta que nació mi niña. Me preocupaba lo que ella pudiera sentir allí en la barriga, así que le explicaba que lloraba de nostalgia, porque la echaba mucho de menos y por lo mucho que la quería (a mi perra). Mi hijo me pregunta cuando me ve llorando si estoy triste, por la hermana y por la perra, claro, llevamos los dos duelos seguidos, y yo le explico que sí, que las quiero y las echo mucho de menos. Una vez me dijo que él también estaba triste, pero la mayoría de las veces me dice que él está contento porque ellas están en el arcoíris.

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  • Natalia

    Hola chicas!!!
    Esta Semana Santa ha sido complicada para mí, siempre he sido muy creyente y practicante, me he educado siendo hija de Maria Auxiliadora… y hoy domingo de resurrección era el día que había elegido para bautizar a mis niños, en fin… no pudo ser. No me han salido ganas del cuerpo ni parabun padre nuestro, y no estoy enfadada con Dios, solo que siento que rezar no sirve de nada, sólo si quizá buscas consuelo te puede ayudar. Daría todo por volver atrás, daría mi vida por abrazar a mi “bolita de coco” …. estoy sumida en la tristeza más profunda, siento que no podré salir de esto, que le falle como madre y que mi felicidad se esfumó para siempre.
    Lo peor es que estoy arrastrando a mi marido conmigo a este fango, y el es mi soporte…
    en fin, espero que vuestra Semana Santa (profeséis o no la religión católica) sea mejor que la mía.
    Un abrazo fuerte

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  • Laura Shjol

    Querida Natalia, madre llena de amor y dolor… sé que mis palabras te llegarán con voz lejana, como traídas por vientos distantes, pero trata de escucharlas y confiar en ellas. Donde tú te encuentras ahora, yo ya estuve. Es un paraje desolado y oscuro, que parece no tener horizonte. La desesperación impregna tu mente, como una humedad malsana y la frialdad tan cercana de la muerte te invita a dejarte abandonar a la tristeza. Cada paso parecerá hundirte más y más en un fango pesado y frío. No tengas miedo, sigue avanzando aunque cueste tanto, cada día. Lleva tu carga de dolor a través de este páramo, aunque parezca no tener fin. Ahora no puedes aún verlo, pero confía en mi, porque yo he estado allí: este tramo del camino llegará a su fin. Sólo es un espejismo, el dolor profundo y lacerante que sientes con cada respiración, el llanto que ahoga tu garganta, no es más que un reflejo del inmenso amor que sientes por tu bebé que ya no está contigo. Abraza ese dolor como el amor que en realidad es, aunque duela. Deja a las lágrimas brotar y sanar tu herida. El dolor es el más intenso que llegarás a conocer en esta vida, como el amor por un hijo es el mayor amor que se puede llegar a sentir. También las lágrimas un día terminarán, aunque ahora te parezcan un desgarro sin fin. El dolor se agotará a si mismo, y encontrarás que el amor por tu hijo sigue ahí, ya libre de angustia y llanto, sereno y profundo. La pena por la muerte de tu hijo nunca te abandonará, como no lo hará el amor que sientes por él, pero donde ahora hay desesperación encontrarás la paz y el consuelo.

    Acepta este dolor y tus lágrimas, como amor que son, deja que se expresen, y confía en vivir cada día, como mejor puedas. Esta oscuridad terminará, y empezarás a descubrir que hasta la noche más oscura también acaba. Cree si puedes en mis palabras, porque yo he transitado este lugar en que ahora habitas. Toma apoyo en cuantas personas te quieran ayudar. Abrázate a tu fe, porque será el bastón que te asista a cada paso. Yo caminé por este desierto frío y oscuro sin el apoyo de ninguna fe, y aún así pude encontrar el camino. Aún más lo lograrás tú, que puedes acogerte a tu religión.

    Es normal que estés enfadada con Dios. Ninguna ley, ni humana ni divina, podrá nunca justificar que un bebé haya de morir. Pero así ha sido y esto nada lo va a cambiar. No te des por vencida, aún que puedes pedir por seguir adelante, por tener la fuerza de vivir para cuidar a tu otro bebé. Eres cristiana, habla con María, madre de Jesús, porque ella es quien te asistirá en este tránsito. Pídele a María que te ayude a encontrar la fuerza que hay en ti, para seguir; pídele consuelo en tu dolor, que haga este sufrimiento más soportable para ti; pídele el perdón y que te libere de toda culpa, puesto que tú no eres culpable. En la religión cristiana María es la madre de todos. María hubo de enterrar a su hijo, ella sabe bien lo que ahora tú sientes. Ella sabrá darte la fortaleza de espíritu para sobrevivir a este dolor. Habla cada día con ella, a través del rezo o directamente, sin intermediarios.

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