Este artículo aborda el problema de la infecundidad. Va dirigido a todas las mamás y papás que desearon tener un hijo vivo con todas sus fuerzas y nunca podrán tenerlo porque las opciones que ellos contemplan se agotaron. Asimismo, elabora un análisis estadístico y sociológico de este problema y explica el modo de afrontarlo. Gloria Labay, matrona barcelonesa, rompe el silencio hablando de su experiencia en primera persona y nos abre las puertas de su página web creada el pasado marzo y del grupo de apoyo creado el pasado abril en Barcelona. Montserrat, psicóloga especialista, explica el gran coste psicológico que supone desear tener hijos y no poder, tanto en hombres como en mujeres.

Título: El duelo invisible de la infecundidad.

Autora: Amaya Larrañeta.

Revista de publicación: 20 minutos, periódico digital. Publicado el 16 de septiembre de 2018.

Estos son algunos fragmentos del artículo:

“Lo superas. A día de hoy, en el fondo, me siento una afortunada por no tener hijos y por poder disfrutar de la vida en primera persona, sin lastres emocionales inacabables”. Pero Gloria Labay no siempre se sintió así. Esta barcelonesa, de 53 años, atravesó cuatro fecundaciones in vitro fracasadas y cuatro abortos. Y cuando entendió que nunca sería madre sintió cómo se tambaleaba su estructura como persona, fruto del dolor de la pena. Socialmente, además, se vio desdibujada entre los indeseables estereotipos de la madrastra, la bruja o la loca de los gatos. Su vida entera perdió valor, porque ella, como el mundo a su alrededor, consideraba que ser mujer es igual a ser madre. La infecundidad es un fenómeno creciente en casi todos los países desarrollados, no menos en España. Una de cada cuatro españolas nacidas en la mitad de la década de los setenta del siglo pasado no ha sido madre, y probablemente ya no lo sea. En algunos casos esto es así por elección personal, pero en la mayoría se debe a una infertilidad médica, por imposibilidad de concebir, o social, ante la falta de una pareja en el momento de desear la maternidad”.

Cuando sus planes de maternidad se diluyeron, Labay buscó ayuda para su estado. El vacío que encontró le hizo pensar que el de la infecundidad es el duelo más “desautorizado e invisible”.

“Dispuesta a romper el complot del silencio de un sufrimiento intenso, Labay abrió el pasado 8 de marzo un rincón en Internet llamado La vida sin hijos. Emulando a la británica Jody Day ha creado una red de soporte para “las personas que soñaron con tener hijos y como yo, no lo consiguieron”. A través de su web narra sus experiencias, recomienda libros y blogs de mujeres y hombres que tampoco pueden tener hijos. Además, organiza quedadas de mujeres en un grupo de autoayuda, una vez al mes en Barcelona, donde encontrar “la calidez y empatía necesarias para lanzar una nueva mirada y explorar el futuro sin hijos”. Montserrat Roca es psicóloga especialista en procesos de reproducción y defiende que desear tener hijos y no poder “es de las cosas más estresantes que te puede pasar en la vida“.

Las personas que no pueden tener hijos sufren una alteración del equilibrio emocional “que genera tristeza, angustia, ansiedad y confusión y en algunos casos desesperación. Es principalmente un proceso de pérdida de control sobre tu vida, sobre la continuidad genética, de la autoestima, la sensación de no estar capacitado para hacer algo tan simple y tan básico como reproducirse”.

Una de las particularidades de este duelo es el hecho que se trata de “un duelo al desconocido hijo que nunca conocerás y por tanto has idealizado”. Otra particularidad es que resulta “más difícil de compartir, porque es una esfera muy íntima de la vida. Acudir al psicólogo puede ayudar, dice Roca, a paliar el “quedarse con las manos vacías”, que es como definen la situación quienes lo atraviesan. La salida suele ser “construir un nuevo proyecto de vida y de la relación de pareja”.

Puedes leer el artículo completo en su revista de origen en este enlace.

Si te interesa saber más sobre Gloria Labay y su proyecto de apoyo al duelo por la infecundidad:

Grupo cerrado en Facebook: ”Soltando el duelo de la maternidad/paternidad”.

Grupo de apoyo en Barcelona, se reúnen un sábado al mes, por la tarde. Información en el blog www.lavidasinijos.com

Un pensamiento para “El duelo invisible de la infecundidad”

  • Elisabeth

    Especialmente me gustaría ahondar en cuatro reflexiones realizadas en este artículo, que me tocan muy de lleno, y en lo más profundo de mi ser.

    Primera reflexión:
    “Una de cada cuatro españolas nacidas en la mitad de la década de los setenta del siglo pasado no ha sido madre, y probablemente ya no lo sea.”
    Yo nací a principios de la década de los setenta, con lo cual me identifico plenamente con esa mujer de cada cuatro que no ha sido ni llegará a ser madre de un hijo vivo.

    Segunda reflexión:
    “Vamos retrasando la edad fértil, que tiene sus tempos, lo fiamos todo a la reproducción asistida, pero las técnicas no son tan exitosas como la gente se cree. Solo consiguen ayudar a un 30% de las parejas que lo intentan, y al final te plantas en una edad en la que ya no hay nada que hacer”.
    En mi caso, tenía un conocimiento parcial e incompleto de estas técnicas, de hecho, cuando pude conocerlas verdaderamente, tras muchos rodeos, lecturas y búsqueda de información, intuí que, dadas la edad y condiciones de mi útero, era muy improbable que me pudiera someter a la FIV tal y como yo la contemplaba. Con lo cual, esta opción, iba transformándose más y más en un asunto muy laberíntico y nebuloso, no sólo por la complejidad de su aplicación en mi útero añoso, sino por las connotaciones morales que para mí tenía. Hace dos semanas nos lo confirmó el especialista: “médicamente no es viable aplicarte la FIV tal y como tú la contemplas.”

    Tercera reflexión:
    “El deseo de maternidad/paternidad responde a un proyecto de vida biológico, psicológico y social. El ser madre-padre te da un rol, un lugar en la sociedad, la posibilidad de ser abuelo. Formar una familia es un paso de culminación en la relación de pareja o en el proyecto vital. A nivel psicológico también es la trascendencia más allá de la muerte.”
    El deseo de ser madre es en mí muy real y profundo. No puedo reducirlo a un mero “rol social impuesto”, porque esto sólo es verdad en parte. No todas las personas quieren ser padres/madres en el sentido estricto de la palabra (es decir, tener un hijo biológico o adoptivo), por supuesto. Pero si nos centramos en el grupo de personas que sí lo deseamos, no podemos reducir nuestro deseo a una mera imposición sociocultural. Por tanto, es muy natural que sintamos tristeza y dolor ante nuestra imposibilidad de tener hijos.

    Cuarta reflexión:
    “Cuando sus planes de maternidad se diluyeron, Labay buscó ayuda para su estado. El vacío que encontró le hizo pensar que el de la infecundidad es el duelo más desautorizado e invisible. Lo explica así: La sociedad no lo contempla.”
    Mi padre nos dijo hace un tiempo a mi marido y a mí: “yo no seré de ese tipo de persona que os diga: ¡qué bien estáis sin hijos!”… cuánto te agradezco tus palabras, tu empatía y tu sensibilidad hacia nuestro dolor. ¡Gracias, muchas gracias papá!…

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