Un día llegó el momento de marcharse a buscar una nueva vida fuera de la casa de sus padres. Todos ayudaron a preparar los bártulos que la acompañarían en su viaje, y que fueron cargados a lomos de una pequeña burrita. Cuando finalmente los preparativos para la partida estuvieron listos, la abuela, la más anciana de la familia, se acerco a la joven y le entregó su regalo: «Este anillo ha estado en nuestra familia desde hace generaciones. Es un anillo mágico. Te ayudará cuando más lo necesites. Pero no lo emplees a la ligera. Tan sólo cuando creas que no hay salida, cuando pienses que todo está perdido y que es imposible encontrar una solución, entonces y sólo entonces podrás usarlo. Si alguna vez te encuentras perdida hasta ese punto, sólo tienes que deslizar este anillo de tu dedo y leer la inscripción que lleva en su interior. Pero ten en cuenta que su magia sólo podrás utilizarla una única vez en tu vida». Y mientras así hablaba, la anciana puso a la joven el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Esta miró en su dedo con asombro la línea de oscuridad opaca que era esa sencilla pieza de madera pulida.

Al amanecer del día siguiente, la joven inició su viaje, que duró años, y la llevó a recorrer lugares remotos y conocer gentes de culturas distantes. Muchas vicisitudes hubo de vivir esta mujer, a veces caminó sola, y otras acompañada, hubo momentos en los que fue feliz, y otros en los que cargó a sus espaldas con el peso de la tristeza, pero siempre siguió avanzando por los caminos que le deparaba la vida. Con el paso del tiempo, se fue haciendo más mayor y sabia, pero nunca se encontró tan necesitada como para recurrir a la magia del preciado anillo que tiempo atrás le entregó su abuela. No hasta entonces: una mañana la muerte se presentó ante ella en un recodo del camino y le miró a los ojos desde las cuencas profundas y vacías que en su cráneo hacían las veces de ojos: «No vengo a por ti, mujer, pero has de saber que una gran desgracia se avecina sobre ti y los tuyos, y que no habrá nada que puedas hacer por evitarlo». Dicho esto, la muerte se dio la vuelta y marchó entre los arboles que rodeaban el sendeo. La mujer quedó helada de frío y miedo, sin atreverse a continuar caminando.

Así se cumplió a los pocos días, que tal y como prometió la muerte, la mayor desgracia jamás imaginada fue a caer sobre su vida, destruyéndolo todo y dejándola con a penas un hilo de vida. El dolor que vino después fue tan grande, que aunque pudo sobrevivir, a partir de entonces se encontró cada noche deseando entre lágrimas antes de dormirse que la muerte la viniese a buscar. Pero a pesar de sus suplicas, la muerte no venía, y la vida se empeñaba en seguir latiendo en su corazón. Era extraño vivir así, porque ella ya no le encontraba ningún sentido a seguir viviendo. Fue entonces cuando la mujer pensó que era el momento de utilizar la magia del anillo de su abuela. Después de tantos años, por primera vez lo deslizó fuera de su dedo con un último atisbo de esperanza. Con el tiempo, el anillo había dejado su huella en el dedo, un surco en la piel. Entonces miró en el interior del anillo y pudo leer el hechizo que en él estaba contenido:

«Esto también pasará»

Y la mujer entendió, que a pesar de todo, al final de todo, inevitablemente, llegaría la calma.

One thought to “Esto también pasará”

  • Gloria

    Me ha gustado mucho el relato. Los seres humanos somos increíbles, tenemos la capacidad de resurgir de nuestras propias cenizas, como el Ave Fénix. Eso se llama RESILIENCIA.
    Gracias

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