Julio es el mes en el que te hubiera enseñado el mar. Te habría llevado a la orillita, ahora tendrías 8 meses, serías un bebé redondito y precioso, sonriente. Yo te cogería de los brazos y el pecho, envolviéndote con mis manos, mientras verías por primera vez las olas del mar. Unas olas pequeñas y espumosas, que te acariciarían los menudos pies. Te sorprenderías, gritarías de asombro y alegría, bracearías y moverías tus piernecitas lleno de emoción. «Son las olas, mi niño, es el mar…». Y tú reirías y reirías mientras yo te ayudaría a saltar sobre la espuma. Esta imagen está grabada en mi mente bebé, como un recuerdo que nunca será. Es el mismo recuerdo que tengo de mi misma cuando fui un bebé como tú habrías tenido que ser. Un recuerdo que se me ha formado a fuerza de ver de tanto en tanto una de las películas que filmó mi padre cuando yo era chiquitita. En esta película soy yo la bebé, redondita y con un gorrito rojo, en la playa, saltando sobre la espuma mientras mi madre sonriente me sostiene de pie. Ese mismo recuerdo se llenó de ti cuando te tenía en mi barriga y era una de las cosas que ya viví contigo antes de que nacieses. «Es el mar niño mío, el mar y el verano, nuestra playa».

Este mes de julio no hay playa, no hay mar, no hay olas, no estás tú. No habrá ningún mes de julio en el que te abrace y te oiga reír y yo ya nunca querré volver a ver el mar en verano. Me he refugiado en una rutina de tareas cotidianas, siempre la misma, en el mismo orden, cosas que me mantienen ocupada el cuerpo y la mente para no echarte de menos tanto. Son mi refugio, un refugio hecho de inercias y vacío. Sigo sin encontrar mi lugar en el mundo, me siento como un trasto viejo e inútil, ya no sé para qué sirvo.

Hace unos meses alguien me habló del kintsugi, como si fuese un paralelismo con mi situación actual. Se trata de un arte japonés de reparación de la cerámica. Cuando una pieza se rompe, los pedazos vuelven a unirse empleando una mezcla de resina y oro. El resultado es la recomposición resaltando las cicatrices de la ruptura como algo bello. De este modo, la pieza vuelve a ser, pero de una forma diferente, ya no es la misma, sino que la propia cicatriz le aporta una nueva belleza. Estas piezas recompuestas tras la ruptura adquieren así un valor añadido. Pues bien, parece ser que las madres a las que se nos ha muerto nuestro bebé podríamos ser una suerte de piezas kintsugi en proceso de recomposición, y que de toda esta destrucción al final saldrá otra persona diferente a la que fuimos, con sus cicatrices profundas que nos darán un nuevo significado. Pero la verdad, yo creo que los trocitos en los que me rompí con tu muerte fueron tantos que arreglar esto es un trabajo imposible, y que incluso puede que algunos trozos de mí se hayan perdido para siempre y no haya forma de que yo vuelva a tener una forma cohesionada o con algún significado. Soy una persona con un agujero enorme, imposible de eludir. O puede que más bien yo sea ahora un gran agujero, el de tu ausencia, y que alrededor de él existan solo restos de la persona que fui. Y sin embargo, hay días en los que me sorprende verme caminando, haciendo cosas, moviéndome a través de la vida como si nada.

Pieza de porcelana recompuesta con la técnica kintsugui (*)

(*) Imagen disponible en Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons 4.0, su autor es Sakurasand.

Un pensamiento para “En el mes de julio ya no habrá mar”

  • Natalia

    El mar… cada mañana y cada tarde solo me recuerda que Max no está y ver a su hermano disfrutar de la arena me rompe el alma.
    Hoy he discutido con mi marido, dice que le presto más atención al móvil que al niño, pero no entiende que es mi escape, un escape para no entrar en una depresión sin salida que me lleva directamente al día en que le deje en la fría tumba.
    Vivo una mentira, intentando divertirme cuando la realidad es que yo estoy muerta tambien…
    por desgracia pienso en si no sería mejor irme para que el hijo que me queda no se de cuenta que su madre es una farsante, que su risa no es de verdad y que no quiere seguir luchando.

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