Siete meses. Este es el tiempo que he tardado en encontrar la respuesta a por qué tuviste que nacer prematuramente para después morir. Siete meses, para saber que si volviese a quedarme embarazada, tu posible hermano o hermana pequeños también estarían condenados a nacer prematuros. Y lo he sabido porque me he empeñado en buscar una respuesta para ti, para mi, para tus posibles hermanos. Porque me he empeñado, pagando de mi bolsillo las pruebas necesarias que en la Seguridad Social consideraron que no era necesario hacer. Porque no me servía la respuesta de los ginecólogos que se limitaban a decirme que «lo tuyo» (refiriéndose a tu nacimiento prematuro) había sido sólo un accidente y que la mayoría de las veces no se podía saber por qué se producen los partos prematuros. «Quien no se mete en el río, no pesca truchas» me llegó a decir uno de ellos refiriéndose a ti y a tus posibles hermanos, como si fueseis truchas a las que hubiese que ir pescando hasta que alguno de vosotros llegase a vivir. Pues resulta que sí, que había una causa para que tú fueses prematuro, y que era relativamente fácil de buscar y diagnosticar, y que incluso tiene un tratamiento. Pero lo he sabido porque me he empeñado yo, bebé, a ninguno de los médicos que nos vieron antes le importó nada saber este motivo, aunque yo no hacía más que preguntar, porque no quería que a otro bebé le volviese a pasar lo mismo que a ti. ¿Verdad que entiendes por qué hoy estoy tan triste, tan cabreada, tan indignada, tan desconcertada? Ahora sé que de haberse actuado en su momento correctamente, a ti nunca debería haberte pasado lo que te pasó.

Ya es el momento, bebé, con esta respuesta al por qué de la desgracia voy a cerrar del todo tu tumba. Espero que mi herida haga lo propio con el tiempo. Quédate ya en paz, bebé, porque lo mismo que a ti, no le volverá a pasar a ningún hermano tuyo. Te pido perdón porque no supimos cómo salvarte, siempre llevaré esta pena conmigo.

Bebé, me ha costado mucho escribir esta entrada. Ya no me apetecía escribir más sobre nuestro duelo. Ya no quiero sentir más este dolor tan grande, ya no quiero llorar más. Necesito terminar. Quiero vivir. Yo viviré, todo lo que pueda, por ti, por los dos.

Sucede que te recuerdo como si te hubiese soñado. Te me has vuelto irreal, un fantasma. Se me ha olvidado tu cuerpo, ya no tengo recuerdo en mi piel de la tuya, ni siento en mis dedos cómo eran de suaves tus cabellos. No me acuerdo de tu olor. Se me está perdiendo tu voz. Te me estás borrando. Y es que necesito que sea así, porque ya no puedo cargar más con tu presencia tan sólida y presente. Recordarte me parte el alma. Te estoy llevando a lo más hondo de mi, a un lugar profundo, seguro y silencioso, en mi núcleo, donde te quedarás conmigo. Aunque te conviertas en un sueño del que quiero despertar, no te olvidaré, ni dejaré de quererte. Es que necesito hacerlo así para volver a aprender a vivir.

Voy a dejarte atrás, bebé. Ahora he de soltar. Da miedo y culpa hacerlo, como si así te fuese a perder para siempre, como si te abandonara. Pero lo que suelto es el dolor, porque pesa tanto que no me permite salir de este desierto. Para sobrevivir he de avanzar y a partir de ahora sólo puedo hacerlo si tu peso se vuelve ligero. Ayúdame, bebé, a que de ahora en adelante ya sólo te sienta como un sueño hermoso y terrible, que quizá nunca sucedió.

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3 thoughts to “Siete meses después de haber perdido a mi bebé

  • Natalia

    Hoy lloro por ti y por mi… por la impotencia, por el dolor, por ser madres de un sueño.
    Te necesito… pero entiendo que tengas que soltar la cometa para que pueda volar a donde el viento la lleve.
    Gracias por abrir tu corazón y llenarme el mío de fuerza, porque te he sentido a mi lado.
    Te deseo lo mejor, eres una mamá valiosa y preciosa! Bebe estará siempre orgulloso de ti!

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    • Laura Shjol

      Querida Natalia, quiero soltar el dolor, siento que ahora es lo que necesito, aunque me cueste, y quiero así empezar a convertir en pasado lo que aún inunda mi presente.
      No voy a soltar tu mano. Te necesito a ti, tanto como me necesitas tú a mi. No nos vamos a dejar en soledad. Mis palabras te van a seguir acompañando siempre que las busques. No dejaré de escribir, aún no. No creo que deje de hacerlo en mucho, mucho tiempo. Escribiré por mí, por mi hijo, por ti, por todas las madres que llegan a encontrar algún consuelo en esta sucesión de letras que son mi llanto, mi rabia, mi miedo, mi amor, mi intento de entender el sinsentido. Palabras con las que trato de poner algún orden en el caos que aquel día, el de su muerte, se apoderó para siempre de mi vida.
      Siempre te estaré agradecida, por tu amor, por tu consuelo, por tu compañía. Y aquí sigo, contigo.

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  • Mamá tortuga

    Queridas Natalia y Laura, cada una desde nuestros momentos y nuestro dolor compartido. Cuando dices, Laura, que estás olvidando su cuerpo, su piel, su olor, yo pienso que aún no he sido capaz de empezar a recordarla, que me vienen destellos, imágenes de ella y sobre todo del color y la luz que tenía la casa cuando ella estaba aquí. Se ha quedado todo tan triste y tan silencioso. Pero cuando me ahoga el dolor, en esos momentos cada vez mayores en que la anestesia se debilita, cuando le escribo, cuando veo sus fotos, cuando me inunda la felicidad absoluta en la que vivíamos, me doy cuenta de que es el dolor tan enorme por su ausencia el que me impide recordarla más.
    Pero, como decía el poeta, urge sobrevivir, o al menos fingir que se sobrevive por los que nos acompañan. En el momento en que decidimos no irnos con nuestros hijos que se fueron, optamos por seguir viviendo, aunque nos cueste, y eso significa irse abriendo poco a poco a la vida. Quedarse aquí para negarse a vivir es imposible, el instinto nos arrastra queramos o no.
    Estos días también han sido para mí el fin de otro proceso, la autopsia de mi hija, que como esperaba no ha dado ningún resultado. Como falleció de muerte súbita, me puse en contacto con la Unidad de Cardiopatías familiares del Virgen del Rocío, a la que le planteé hacer estudios genéticos, pero me contestaron que no era “rentable”, que al no haber nada en la autopsia no esperaban encontrar nada más. Me parece ofensivo hablar de rentabilidad en relación a la muerte de mi hija, claro que no es rentable para la biología invertir nueve meses de gestación para que al final se muera, ni dedicarle tanto amor e ilusión para quedarme ahora tan vacía y sola. Pero que la sanidad pública considere que intentar averiguar por qué murió mi hija es poco rentable me parece una desvergüenza. Lo intentaré con otros hospitales, más que nada por evitar tener que ser la que reclame los restos de mi hija mediante un abogado y la que los entregue a la institución que podría hacerle los análisis, costeados por mí, por supuesto, como todo el procedimiento legal. Pero no tengo ni fuerzas para estar indignada, supongo que las reservo para una supervivencia básica, gestionar el día a día, intentar llevar una vida normal con mi hijo, ocupar mi tiempo. Pero no quiero soltar el dolor, me niego, quiero seguir en mi hora violeta (https://www.heperdidoamibebe.me/articulo/1051):
    No quiero ir a ningún lugar en el que no estés tú. Mi pena hace las veces de tu cuerpo. Mi pena te invoca y te reconoce.
    Yo soy mi pena y mi pena eres tú.

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